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Hermosas historias para reflexionar

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Dicen que los seres humanos solemos comprender mejor las situaciones en las que nos encontramos cuando escuchamos ejemplos de historias similares a las nuestras.

La vida nos depara situaciones difíciles o extremas o simplemente curiosas que encierran luego una enseñanza.

Las siguientes historias nos invitan a la reflexión y al aprendizaje para que sus moralejas se integren a nuestra vida, y así podremos compartir este conocimiento con los demás.

La arena y la roca

​Dice una leyenda árabe que dos amigos viajaban por el desierto y discutieron, el uno acabó dando al otro una bofetada, el ofendido se agachó y escribió con sus dedos en la arena: “hoy mi mejor amigo me ha dado una fuerte bofetada en la cara”.

Continuaron el trayecto y llegaron a un oasis, donde decidieron bañarse, aquel que había sido abofeteado y herido empezó a ahogarse, el otro se lanzó a salvarlo, al recuperarse del posible ahogamiento, tomó un estilete y empezó a grabar unas palabras en una enorme piedra, al acabar se podía leer: “hoy mi mejor amigo me ha salvado la vida”.

Intrigado su amigo, le preguntó:

¿Por qué cuando te hice daño escribiste en la arena y ahora escribes en una roca?

Sonriente, el otro respondió:

Cuando un gran amigo nos ofende, debemos escribir la ofensa en la arena, donde el viento del olvido y del perdón se encargará de borrarla y olvidarla. En cambio, cuando un gran amigo nos ayuda o nos ocurre algo grandioso, es preciso grabarlo en la piedra de la memoria del corazón, donde ningún viento de ninguna parte del mundo podrá borrarlo.

El niño y el cachorro

​Un niño con una amplia sonrisa le dijo: “señor, quiero comprarle uno de sus cachorritos”. El granjero, le respondió: estos cachorros son de raza, y cuestan bastante dinero. He conseguido treinta y nueve centavos ¿es esto suficiente? seguro, dijo el granjero, comenzando a silbar y a gritar, “dolly, ven aquí”. dolly salió corriendo de su casilla y bajó la rampa seguida de cuatro pequeñas bolas de piel. Los ojos del niño danzaban de alegría.

Entonces de la casilla salió, a hurtadillas, otra pequeña bola, ésta era notablemente más pequeña, se deslizó por la rampa y comenzó a renguear en un infructuoso intento por alcanzar al resto, el niño apretó su carita contra la cerca y gritó con fuerzas: ¡yo quiero a ése!, señalando al más pequeño. El granjero le dijo: «hijo, tú no quieres a este cachorrito, él nunca podrá correr y jugar contigo de la forma en que tú quisieras”, al oír eso, el niño bajó la mano y lentamente se subió el pantalón en una de sus piernas.

Le mostró una prótesis de doble abrazadera de acero a ambos lados de su pierna, que iba hasta un zapato especial, mirando al granjero, le dijo: “como usted verá, señor, yo tampoco corro tan bien que digamos, y él necesitará a alguien que lo comprenda”.

Personas repugnantes

​En un avión, iniciado el vuelo, una «señora» oprime insistentemente el timbre para llamar a la azafata: ¿cuál es el problema, señora? – pregunta la azafata – ¿es que no lo ve? – responde la dama – me colocaron junto a un sucio indígena, no soporto estar al lado de uno de estos seres repugnantes. Por favor, cálmese -dice la azafata- casi todos los asientos están ocupados, pero voy a ver si hay un lugar disponible.

La azafata se aleja y vuelve de nuevo algunos minutos más tarde: señora, como yo pensaba, ya no hay ningún lugar libre en la clase económica. Hablé con el comandante y me confirmó que no hay más sitios disponibles en la clase económica, no obstante, tenemos aún un lugar en primera clase. Antes de que la dama pudiera hacer el menor comentario, la azafata sigue: es del todo inusual permitir a una persona de la clase económica sentarse en primera clase.

Pero, dadas las circunstancias, el comandante encuentra que sería escandaloso obligar a alguien a sentarse junto a una persona tan repugnante. Todos los pasajeros alrededor, observaban la escena, indignados, entonces, la azafata, dirigiéndose al indígena, le dice: si el señor lo desea, tome su equipaje de mano, ya que un asiento en primera clase le espera, y los pasajeros, que sorprendidos, presenciaban la escena: se levantaron y aplaudieron

Carrera emotiva

​Hace algunos años, en las olimpiadas para personas con discapacidad de Seattle, también llamadas “Olimpiadas Especiales”, nueve participantes, todos con deficiencia mental, se alinearon para la salida de la carrera de los cien metros planos, a la señal, todos partieron, no exactamente disparados, pero con deseos de dar lo mejor de sí, terminar la carrera y ganar el premio. Todos, excepto un muchacho, que tropezó en el piso, cayó y rodando comenzó a llorar, los otros ocho escucharon el llanto, disminuyeron el paso y miraron hacia atrás, vieron al muchacho en el suelo, se detuvieron y regresaron, una de las muchachas, con Síndrome de Down, se arrodilló, le dio un beso y le dijo: “listo, ahora vas a ganar”.

Todos, los nueve competidores entrelazaron los brazos y caminaron juntos hasta la línea de llegada, el estadio entero se puso de pie y en ese momento no había un solo par de ojos secos, los aplausos duraron largos minutos, las personas que estaban allí aquél día, repiten y repiten esa historia hasta hoy. porque en el fondo, todos sabemos que lo que importa en esta vida, más que ganar, es ayudar a los demás para vencer, aunque ello signifique disminuir el paso y cambiar el rumbo, porque el verdadero sentido de esta vida no es que cada uno de nosotros gane en forma individual sino que, todos junto ganemos

El niño y la camarera

​En los días en que un helado costaba mucho menos, un niño de 10 años entró en un establecimiento y se sentó a una mesa, la camarera puso un vaso de agua en frente de él,

– ¿cuánto cuesta un helado de chocolate con nueces? preguntó el niño, cincuenta peniques, respondió la camarera, el niño saco su mano de su bolsillo y examinó el número de monedas que tenía.

– ¿cuánto cuesta un helado solo?, volvió a preguntar, en ese momento había algunas personas que estaban esperando por una mesa y la camarera ya estaba un poco impaciente.

– treinta y cinco peniques, dijo ella bruscamente, el niño volvió a contar las monedas, quiero el helado solo, dijo el niño, la camarera le trajo el helado con mala cara, puso la cuenta en la mesa y se fue.

El niño terminó el helado, pagó en la caja y se fue. Cuando la camarera volvió a la mesa, en la que el niño había estado, ella empezó a limpiar la mesa y entonces le costo tragar saliva con lo que vio allí, el niño le había dejado ordenadamente junto al plato vacío, quince peniques. ¡era su propina!

¡La vida nos enseña a ser cordiales con los demás!

La vida es un espejo

​En un pequeño y lejano pueblo, había una casa abandonada, cierto día, un perrito buscando refugio del sol, logró entrar a dicha casa y se topó con una puerta semi abierta, lentamente se adentró en el cuarto y se dio cuenta que dentro de ese cuarto había mil perritos más observándolo, como él los observaba a ellos.

El perrito comenzó a mover la cola y a levantar sus orejas, los mil perritos hicieron lo mismo, sonrió y les ladró alegremente a uno de ellos, los mil perritos también le sonreían y ladraban alegremente con él, cuando salió del cuarto pensó: que lugar tan agradable, voy a venir más seguido a visitarlo, tiempo después, otro perrito callejero entró al mismo sitio y entro al mismo cuarto, pero a diferencia del primero, al ver a los mil del cuarto se sintió amenazado, ya que lo estaban viendo de una manera agresiva, empezó a ladrar y vio como los mil perritos le ladraban también a él.

El perrito salió del cuarto y pensó: que lugar tan horrible es este, nunca más volveré a entrar allí. En el frente de dicha casa había un letrero que decía: «la casa de los mil espejos», no eres responsable de la cara que tienes, eres responsable de la cara que pones. «todos los rostros del mundo son espejos», decide cual rostro llevarás por dentro y ese será el que mostrarás, las cosas más bellas del mundo no se ven ni se tocan, sólo se sienten con el corazón.

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