in

AngryAngry CryCry OMGOMG

Homosexuales, las víctimas silenciosas de los nazis

nazis-y-homosexuales

El nazismo dejó tras de sí millones de muertos y una cifra incalculable de víctimas. Entre las más olvidadas se encuentran las personas LGTB —sobre todo los gays, quienes sufrieron los mayores rigores de la persecución—, una población que vivió una dura represión y no recibió reconocimiento hasta prácticamente el siglo XXI.

El Holocausto nazi supuso uno de los mayores genocidios en toda la Historia de la humanidad. Estuvo dirigido principalmente contra judíos, eslavos, gitanos, discapacitados, testigos de Jehová, opositores al régimen y homosexuales varones; en total, una cifra de varios millones de muertos de difícil cuantificación.

Los supervivientes gays conocidos del Holocausto fueron menos de una veintena. Gracias a sus relatos y diversas investigaciones, ha sido posible recrear la vivencia de las personas LGTB durante el III Reich. Sin embargo, la escasez y la fiabilidad incierta de datos y relatos aconsejan cautela a la hora de aproximarse a un tema más bien desconocido y con un gran riesgo de caer en el victimismo.

Durante los años en los que los nazis estuvieron al frente del Tercer Reich muchos fueron los colectivos perseguidos y a los que se intentó eliminar, tan solo por pertenecer a una religión, etnia o idea política distinta.

La homosexualidad era otro de los males que debían de extirpar de la sociedad. La consideraban una enfermedad y creían que podrían cortarla por lo sano castrando, esterilizando o simplemente exterminando a todos aquellos que tuviesen una tendencia sexual diferente.

De todos los símbolos usados por los nazis, el triángulo invertido de color rosa señalaba a los homosexuales en los campos de concentración.

Los nazis gays

Pero el problema se les planteaba cuando esos homosexuales no solo se encontraban entre personas de otras etnias, sino que también los había entre los considerados como ‘arios’, siendo algunos de ellos destacados miembros del partido e incluso del gobierno, con algunos importantes nombres como Ernst Röhm, militar, ministro sin cartera del primer gobierno de Hitler y uno de los fundadores de las SA o Karl Ernst, líder de esta organización y destacado dirigente del Partido Nazi.

También circulaban nombres de otros supuestos homosexuales, aunque nunca se llegó a demostrar que lo fueran o al menos lo declarasen abiertamente, como Hans Frank, Gobernador General de la Polonia ocupada, o el mismísimo Rudolph Hess, uno de los hombres de mayor confianza del Führer.

Ante tal problema, los jerarcas eran conscientes de que no se les podía dar el mismo trato que a un judío, gitano o negro homosexual, pero había que encontrar una cura que reconvirtiese en heterosexuales a todos aquellos arios que, según los nazis, padecían la enfermedad de la homosexualidad. La potente homofobia de algunos miembros del Tercer Reich hizo que se acabase con la vida de algunos miembros destacados, como ocurrió con los mencionados Röhm y Ernst.

Los experimentos

El doctor Carl Vaernet, mayor de las SS y médico en el campo de concentración de Buchenwald, fue la persona elegida por Himmler para experimentar y conseguir algún remedio infalible con el que extirpar la homosexualidad, vistos los nulos resultados que habían logrado hasta la fecha.

Los experimentos que hasta entonces se habían llevado a cabo en el campo de concentración con presos consistían en obligar a mujeres a acostarse con homosexuales, ofreciéndoles diferentes recompensas y beneficios si conseguían ‘reconvertirlos’.

Evidentemente fue un fracaso absoluto, por lo que se optó por técnicas quirúrgicas entre las que se encontraban extirpar el pene o la castración de los testículos, con lo que se evitaría que tuvieran ‘impulsos sexuales hacía otros hombres del mismo sexo’.

También se trató de encontrar el ‘gen’ que convertía en invertidos a los hombres y poder así extirparlo. Toda esta experimentación realizada con presos se llevó la vida de muchos de ellos.

Vaernet y su equipo médico estaban convencidos de que la homosexualidad se podía transmitir a los hijos, siendo los varones quienes la portaban y de ahí todo el empeño en curar la enfermedad en los hombres sin ponerle demasiado tenacidad en curar a las lesbianas, quienes no representaban grandes problemas para ellos. De hecho, creían que éstas podían ser igualmente inseminadas por alemanes arios y que les nacerían niños sanos y perfectos. Por tal motivo también se intentó esterilizar al máximo número posible de hombres homosexuales para que no pudiesen transmitir sus genes dañados a nuevas generaciones de alemanes impuros.

Entre sus muchos experimentos, Carl Vaernet creyó dar con la solución definitiva para curarlos a través de una glándula que segregaba testosterona y que suministró en un principio mediante cápsulas y que posteriormente inyectó en las ingles, con el fin de que liberaran hormonas masculinas.

Pero fue otros más de los muchos fracasos que realizaron los nazis en busca de una cura para la homosexualidad.

No hubo disculpa oficial hasta el año 2000

Aunque el régimen nazi supo ocultar hasta el fin de la guerra la verdadera naturaleza de los campos e intentó borrar las huellas de sus crímenes, el silencio posterior de los investigadores respecto a la persecución de las personas LGTB fue clamoroso. La homosexualidad seguía estando mal vista e incluso castigada en algunos países europeos; de hecho, los aliados enviaron a algunos homosexuales a prisión a cumplir su pena sin considerar el tiempo en los campos.

Se presume que hubo más de 47.000 condenas a homosexuales en Alemania. Muchos tuvieron dificultades laborales y personales por ser oficialmente delincuentes con antecedentes sexuales y sufrieron el ostracismo, el negacionismo, el silencio y la vergüenza, cuando no directamente la violencia física y verbal.

Hasta la segunda mitad de los 80, se les denegó el estatus de víctimas del nazismo y, por tanto, cualquier tipo de indemnización, que solamente consiguieron a iniciativa de los partidos verde y socialdemócrata y después de trabas burocráticas insólitas y litigios; en consecuencia, muy pocos recibieron compensación: la mayoría murió antes o ni lo intentó.

En 2000 se produjo la primera disculpa oficial y en 2002 se concedió el perdón retroactivo para las sentencias nazis; la compensación por todas las posteriores ha tenido que esperar hasta 2019.

Aún hoy existe cierta resistencia a reconocer la persecución de las personas LGTB durante la dictadura y se desconocen las dimensiones de la diáspora LGTB que provocó el nazismo, pero el triángulo que tantos lucieron en sus chaquetas y pantalones se ha convertido en un símbolo de activismo y de lucha contra el olvido.

Fuente: portal el orden mundialportal de noticias Yahoo


No te olvides de puntuar este artículo y de seleccionar tu reacción, es muy importante para nosotros conocer tus preferencias y poder brindarte una selección de los mejores artículos de tu interés.

Te gustó o no te gustó?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

leyenda-matrioska

La Leyenda de la Muñeca Rusa Matrioska

vivir-eternamente

Será que algún día podremos vivir eternamente?